En Mathma, a pocos kilómetros de Idshma, en la República de Fishertown, un monje me habló de cuatro leyes que son parte del Budismo:

1- “La persona que llega es la persona correcta”
2- “Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido”
3- “En cualquier momento que comience es el momento correcto”

4- “Cuando algo termina, termina”

La persona correcta no es necesariamente la persona dulce, buena, sabia. A veces, la perversidad, la mentira, el engaño, la deslealtad que traduce una persona nos ayuda a comprender el significado de la vida y de nuestra propia conducta.

Los sucesos están dispuestos de tal manera que, no existe forma de evitarlos. Elegimos una puerta entre quince.Esa elección nos incorpora a otro espacio donde existen otras quince puertas. Cuando en ese nuevo espacio elegimos una, nos vuelve a introducir en otro espacio y así sucesivamente. Existe un libre albedrío en la decisión de elegir la puerta más no al espacio que habilita. Cada puerta es sinónimo de pequeñas y grandes decisiones que tienen una enorme relevancia en nuestras vidas.

El infinito implica que siempre, siempre, el lugar que ocupemos es el centro del cosmos.

La vida es una sucesión de etapas. Las etapas no tienen que ver con la edad ni con los años sino con las experiencias. Saber cuando algo terminó y forma parte del aprendizaje, es conocimiento. Asumir que es una etapa, nos posibilita abrir una nueva puerta y evita que la energía negativa nos fagocite.

Republica de Fishertown, Febrero de 2012.

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