La tarde se avalanzó sobre la noche, demorando el poniente. Una paleta de infinitos colores desnudó su abanico rebotando al Sol que se escondía con parsimonia. Nuestra sombra cual silueta de Modigliani,  se prolongaba en forma descarada. Me aferré a su mano percibiendo el frío de su piel tostada, ajada, rebosada de arena y sal , satisfecha del intenso trajín que sin piedad la había sometido en el perezoso verano que transcurría. Pequeñas mechas de luz comenzaron a brotar a nuestro alrededor previniendo la oscura noche sin luna y el silencio se apoderó despaciosamente de todo, acallando grillos y  ranas. Buscamos refugio sin saberlo.Innata necesidad, deliciosa intuición de protegernos  de la misteriosa noche. Acaso el color del fuego, que con todo desparpajo desparramaba su miel de calor o los sillones cubiertos de toscas mantas nos inmantaron para caminar sin sorpresas hacía ese espacio que se nos brindaba.

RAT. 28/01/2012

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